
Era laberinto, roca. Estrella de mar.
Naufragio en la noche.
Era faro, ola. Una pizca de sal.
Proa, arena. Mi anclaje.
Era la tierra y su libertad.
La lógica, el misterio, lo salvaje.
Era la profundidad.
Llama, desierto, fiero paisaje.
Era hoguera, calor, fuego artificial.
Una chispa, una luz. Mi alto voltaje.
Y tantos elementos formaban su engranaje
que más que un deseo, era una realidad.
Fue mi destino, mi verdad, mi compañero de viaje.
Mi lienzo, mi cobijo. Mi inmensidad.