Las casualidades se dan cada vez que parpadeamos.
En ese instante fugaz,aparece el momento discreto, el silencioso; aquel que no habla pero que tanto desea expresar para poner en funcionamiento las manillas de un reloj que se han quedado dormidas.
Esas manillas son el hueso, el reloj es la piel que las envuelve. Y el tiempo...
El tiempo es el latido muerto que permanece abatido, tocado, destruido.
Aquel que ansía la llegada de la vida, de la emoción. El que espera un cambio, un telón nuevo para su obra de teatro.
El tiempo que desea vivir, palpar, saltar, correr, gritar; atrapar lo que se le arrancó un día de sus manos.
El tiempo que quiere más y mejor, que necesita, que respira y ofrece compañía
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